Anoche atrapé la fragancia de tu piel con mis sábanas,
capturé tu mirada y tu sonrisa con mis ojos
y las almacené en mi retina.
Anoche robe tus besos con mis labios,
vislumbré tu silueta en la oscuridad
y te protegí entre mis brazos como mejor sabía.
Hoy me despierto sin ti,
triste y melancólico,
aún rodeado de tu olor a delicada y ardiente mujer,
entre los recuerdos de las caricias y los masajes de tus manos
y la sensación permanente de tus besos tan profundos,
de tus arrumacos y de tu voz serena y apasionada.
Vuelve pronto a esta cama vacía,
confusa sin ti.
Vuelve para darme el calor que necesito
y la oportunidad de volver a recorrer con mis manos
el desierto de tu cuerpo
hasta llegar a tu oasis
y poner a prueba así mi instinto.